Un grupo reducido de mujeres, dos meses de trabajo, y una transformación que se nota primero en cómo te tratás vos.
Tenés tiempo hasta el 10 de septiembre y los cupos son muy limitados.
Hay un cansancio que no se arregla durmiendo. Aparece cuando llevás años midiéndote por cuánto te eligen, cuánto te agradecen, cuánto te miran. Y el día que nadie mira, algo tuyo se apaga.
Vos ya sabés de qué estoy hablando. Es la sensación de estar dando siempre un poco más de lo que recibís. De tener que ganarte el lugar en todos lados, incluso adentro de tu propia casa.
Y hay una parte tuya apagada hace rato. La que sabe recibir, disfrutar y elegir sin culpa. Hace años que no aparece, porque nunca le dejaste lugar.
Te lo digo con todo el cariño y sin vueltas: eso no te lo hizo nadie. Lo venís sosteniendo vos, mucho antes de que aparecieran los hombres de los que hoy te quejás.
Con pareja o sin pareja, la mayoría se para en alguna de estas dos. Muchas pasaron por las dos.
Sos la que resuelve, la que sostiene, la que se ocupa. Si no lo hacés vos, sentís que todo se cae.
Y cuanto más ocupás, más se corre el otro, hasta que un día estás manejando una casa entera al lado de alguien que ya no participa de nada. O estás sola, agotada de ser la fuerte de la película para todo el mundo.
Nadie te dejó sola. Te quedaste sola arriba de todo el terreno que fuiste ganando, metro a metro, durante años.
Estás esperando. Que se decida, que te valore, que te dé tu lugar. O que aparezca alguien que por fin te elija.
Mientras tanto ponés tu vida en pausa, revisás el teléfono y le buscás explicaciones a cada silencio. Y esos silencios te los cobrás vos, como si dijeran algo sobre cuánto valés.
Aprendiste hace mucho que si esperabas bien, si no molestabas, en algún momento te iban a elegir. Y desde entonces esperar se te parece al amor.
Las dos hacen lo mismo: le entregan a otro la respuesta a cuánto valen.
Cuando hablo de femenino y masculino hablo de dos posiciones que te habitan a vos al mismo tiempo. Nada que ver con géneros, ni con dos personas distintas.
En vos quedó de guardia las veinticuatro horas. Lo tomaste en un momento en que ese puesto estaba vacío y no lo soltaste más.
Está apagado, porque mientras resolvés no podés recibir, y mientras sostenés no podés elegir. Nunca le dejaste el lugar.
Ahí se apagan el deseo, la alegría y las ganas. Y ahí pasa lo otro: el hombre que se acerca encuentra todos los puestos tomados y se corre. Él no dejó de mirarte. No le quedó dónde pararse.
Devolverle el lugar a tu femenino es el corazón de estos dos meses. Vas a seguir decidiendo y resolviendo todo lo que haga falta. Lo que cambia es que tu masculino va a poder descansar, y en ese hueco aparece la parte tuya que hace años no ves.
Esto se trabaja encuentro por encuentro, hasta que deja de ser una idea linda y se vuelve tu manera de estar.
Cuando llegás ahí, ser vos ya te alcanza para ir a buscar lo que quieras.
Para que sepas qué te vas a llevar de cada encuentro antes de decidir. Son las cuatro fases del Proceso de Transformación, trabajadas acá en grupo y sobre un solo tema.
Trabajamos sobre situaciones concretas de tu semana, no sobre lo que pensás de vos. Te llevás la escena exacta donde tu posición se enciende, y la nitidez para reconocerla un martes a las nueve de la noche, mientras está pasando.
Vas a ver tu patrón en otra mujer antes de verlo en vos, que es la única forma en que entra sin que te defiendas. Te llevás algo incómodo y muy útil: lo que te molesta de las otras, que casi siempre es la parte tuya que tenés prohibida.
Lo desarmamos paso a paso, desde lo que alguien dice o deja de decir hasta lo que terminás haciendo vos. Te llevás tu propio circuito dibujado, para reconocerlo después en cualquier escena de tu vida.
En qué casa aprendiste a pararte así y mirando a quién. Qué lugar quedó vacío ahí adentro y quién se ofreció a llenarlo. Te llevás el origen, y la sorpresa de escucharlo repetido en mujeres con vidas que no se parecen en nada a la tuya.
La creencia que sostiene todo y que venís obedeciendo hace años sin haberla leído nunca. En casi todas suena parecida: si yo no me hago cargo, esto se cae. Te llevás la tuya escrita en una sola línea.
Acá se da vuelta el trabajo. Elegimos una situación concreta que se te va a volver a repetir, diseñamos qué vas a hacer distinto y con qué palabras exactas, y lo practicás en el grupo antes de hacerlo en tu casa. Te llevás una frase para decir y una fecha.
Volvés con lo que hiciste, o con lo que no pudiste hacer, que también sirve. Te llevás la prueba de que la culpa aparece y después se pasa, y no la escuchás de mí: la ves en todas las que la atravesaron esa misma semana.
Comparamos dónde estabas el primer jueves y dónde estás. Te llevás tu manera nueva de pararte cuando alguien se acerca, cuando alguien no se define y cuando hay que decir que no, y la devolución de las mujeres que te vieron cambiar de cerca.
En el grupo, la confrontación llega antes y entra mejor, porque la vas a ver primero en otra. Escuchar la misma historia en mujeres con vidas distintas le saca a la tuya el carácter de excepción.
Las ocho fechas. 10, 17 y 24 de septiembre · 1, 8, 15, 22 y 29 de octubre. Todos jueves, de 19 a 21, hora de la Argentina. Si un jueves no podés estar, queda grabado y te llega igual.
Antes del primer jueves hago una lectura de tu posición, para que llegues sabiendo qué venís a mirar.
En vivo, con agenda clara y una estructura que se repite en todos.
Vas a pasar por las dos sillas: la que trabaja su caso y la que mira el de otra.
Lo que una no puede ver de sí misma lo ven las otras.
Estoy ahí los dos meses. Cuando algo se mueva o incomode, escribí.
Para que ningún jueves que no puedas estar te deje afuera.
Qué se vio, qué quedó abierto y el ejercicio de la semana.
Armado para la fase en la que está el grupo y revisado al jueves siguiente.
En dos horas, todas hablan y todas son vistas. Por eso no se agranda.
Un grupo mal armado no fracasa: desgasta a todas y confirma la idea de que nada funciona.
Si algo de esta lista te tocó, probablemente sea tuyo. Si te generó rechazo, también.
Terapeuta integrativa especializada en BioNeuroEmoción®. Más de doce años con este marco y ocho ejerciendo, con miles de sesiones acompañando a personas de distintos países.
Confronto sin agredir y no valido el relato victimista, ni el tuyo ni el de ninguna. Mi formación está puesta al servicio de una sola cosa: que dejes de repetir el patrón que te trajo hasta acá.
Ocho encuentros en vivo, dos meses de trabajo, en un grupo chico de mujeres, con todo lo de arriba incluido.
El primero al inscribirte y el segundo al mes de empezar. Abonar en dos veces tiene un recargo.
En pesos, por transferencia bancaria. En dólares o en euros, por PayPal o por la app ARQ. La inscripción se confirma con el pago.
Quiero mi lugarTenés tiempo hasta el 10 de septiembre y los cupos son muy limitados.
No hace falta que sepas cuál de las dos posiciones es la tuya. Dejame tu nombre y te escribo para ver, entre las dos, si este es tu momento.
Falta un paso y es el que hace que yo te vea: tocá el botón y mandame el mensaje, que ya está escrito.
Si el botón no te abre WhatsApp, escribime al +54 9 351 769 7923.
No. Queda grabado y te llega, junto con la recapitulación escrita y el ejercicio de la semana. Lo que ocurre una sola vez es el trabajo en vivo, así que conviene estar.
Sí. Las dos posiciones funcionan exactamente igual sin nadie cerca. Esperar el momento, esperar estar lista, esperar sanar un poco más, es la misma espera.
Sí. Trabajo con mujeres que llevan años de análisis y con mujeres que nunca abrieron esta puerta en su vida. El recorrido previo no es el filtro.
El Proceso es uno a uno, sobre tu patrón, sea cual sea. El Círculo es en grupo y sobre un tema puntual: cómo te parás en tus vínculos y cuánto valés a tus propios ojos.